jueves, 20 de agosto de 2026

Hay caminos que deben esperar

 


Hay días en los que el cielo parece saber algo antes que nosotros.

Primero llega una nube.

Después una llovizna tímida.

Y mientras alguien espera, todavía creemos que todo seguirá su curso.

Hay una mujer vestida de blanco, hermosa en su sencillez, esperando a quien ama.

No le importa que el vestido pueda mojarse.

No le importa que el peinado pierda su forma.

Ella espera.

Porque hay personas que, cuando esperan algo con el corazón entero, creen que ninguna tormenta será suficiente para impedir el encuentro.

Pero el agua comienza a crecer.

Primero cubre una calle.

Después otra.

Hasta que los caminos desaparecen bajo una inmensa superficie de agua.

Los camiones quedan atrapados.

Algunas personas buscan refugio sobre los techos.

Hay manos que piden ayuda.

Carteles que intentan hacerse visibles entre la corriente.

Y entonces comprendemos que no siempre basta con querer llegar.

A veces el camino, simplemente, no está disponible.

Miramos un mapa buscando una alternativa.

Una ruta.

Un pequeño desvío que nos permita continuar.

Pero hacia donde miremos hay más agua.

Y aparece esa pregunta que pesa más que la propia inundación:

¿Cómo llegaremos si quienes vienen a ayudarnos tampoco pueden atravesarla?

Quizás hay momentos en la vida en los que no debemos cruzar.

No porque hayamos perdido el rumbo.

No porque aquello que esperamos haya dejado de existir.

Sino porque el agua todavía tiene algo que decir.

Hay caminos que necesitan volver a aparecer.

Hay orillas que necesitan esperar.

Hay encuentros que no pueden suceder mientras intentamos atravesar una tormenta que todavía no ha terminado.

Y quizás eso sea lo más difícil de aceptar:

que querer llegar no siempre significa que sea el momento de hacerlo.

A veces la mayor forma de cuidado consiste en detenerse.

Mirar el agua.

Esperar.

Confiar en que, cuando baje, volveremos a reconocer las calles que creíamos perdidas.

Quizás algunas cosas no se fueron.

Quizás simplemente quedaron del otro lado de una corriente que hoy no podemos atravesar.

Y entonces entendemos que esperar no siempre es quedarse quieto.

A veces esperar es proteger aquello que todavía importa.

Es dejar que el agua siga su curso sin convertir nuestra desesperación en otra inundación.

Es recordar que ningún paisaje permanece bajo el agua para siempre.

Algún día aparecerá nuevamente el camino.

Y cuando eso suceda, quizás descubramos que nunca estuvimos perdidos.

Solo estábamos aprendiendo a no cruzar cualquier río para llegar a cualquier lugar.

Porque hay destinos a los que se llega cuando el agua baja.

No cuando el miedo nos obliga a nadar.


Allison Panizza
20/08/2026






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