Fui a buscar ayuda…
y no me abrieron la puerta.
Había dolor.
Urgencia.
Algo creciendo dentro mío que necesitaba ser visto, cuidado, sostenido.
Pero no.
Me dijeron que no.
Que no podían atenderme.
Que me fuera.
Y me fui.
Con el cuerpo cargando lo que dolía
y el alma aprendiendo, una vez más,
a sostenerse sola.
El tiempo pasó.
Como pasa siempre.
No pide permiso, no da explicaciones…
solo avanza.
Y en ese avanzar, la vida hizo lo suyo:
armé otra historia,
otro hogar,
otros vínculos que sí supieron quedarse.
Pero hay lugares a los que una vuelve,
no porque quiera…
sino porque algo en nosotros aún necesita comprender.
Volví.
Y ahí estaba.
Como si nada.
Como si el tiempo no hubiera pasado de la misma manera para ambos.
Hablamos.
De la vida.
De lo que fue.
De lo que ya no era.
Pero hay historias que no se cierran con palabras.
Y entonces… me atrapó.
No con manos.
Sino con algo más antiguo.
Con lo no resuelto.
Con lo que quedó latiendo en algún rincón del tiempo.
Me reclamaba.
No desde el presente…
sino desde lo que alguna vez fue.
Y en ese encierro, donde todo parecía detenerse,
no estaba sola.
Mi abuela estaba ahí.
Como si el linaje también supiera aparecer
cuando una necesita recordar de dónde viene.
Nos acercamos a la ventana.
Y lo vimos.
Árboles.
Pero no cualquier árbol.
Eran rosas.
Altísimas.
Imposibles.
Rojas como la vida que duele,
como el amor que marca,
como todo lo que crece incluso en tierra herida.
Y más allá…
algo suspendido.
Un jazmín sostenido en el aire,
sin raíz visible,
sin explicación.
Nos miramos.
No hacía falta decir nada.
Había cosas que simplemente… eran.
Y entonces la sentí.
No afuera.
Dentro.
Una voz que no venía del pasado…
sino de lo que soy hoy.
—Ya me encargué.
Y en esa frase…
algo se liberó.
No hubo lucha.
No hubo ruido.
Solo una certeza suave pero firme:
ya no soy la misma.
La que fue dejada,
la que no fue cuidada,
la que tuvo que sostenerse sola…
ya no está sola.
Porque algo en mí creció.
Echó raíces.
Se volvió árbol.
Y hoy, incluso lo que no tiene explicación…
también me sostiene.
«Hay heridas que no desaparecen…
pero dejan de ser encierro cuando una parte nuestra aprende a liberarnos desde adentro.»
Allison Panizza
15/04/2026