«A veces los sueños no traen historias.
Traen paisajes.
Y algunos paisajes se quedan viviendo dentro de uno».
El sueño empezó con una historia, pero terminó
convirtiéndose en un paisaje.
Primero sentí el aire. Ese silencio raro que tienen los
lugares altos, donde el viento no suena fuerte, pero todo parece suspendido.
Después apareció la piedra. Montañas. Altura. Un acantilado que caía hacia un
vacío que no daba miedo, pero sí imponía distancia.
A la derecha estaba la fortaleza.
No era un castillo de cuento. Era una construcción antigua,
dura, hecha para resistir. Piedra oscura, pesada, cerrada sobre sí misma. No
parecía abandonada, pero tampoco parecía habitada por algo cálido. Era un lugar
que existía para protegerse del mundo.
No invitaba. No rechazaba.
Simplemente no necesitaba a nadie.
La montaña la abrazaba como si la hubiera criado.
Y todo a su alrededor era frío, silencioso, contenido.
Un paisaje que no pedía ser mirado, solo respetado.
Pero el sueño no quería que me quedara ahí.
Porque cuando giré la cabeza hacia la izquierda… el mundo
cambió de respiración.
El valle no apareció de golpe.
Se abrió.
Como si alguien hubiera corrido una cortina invisible.
El verde era tan intenso que parecía tener luz propia. No
era un verde plano; eran capas, sombras, profundidades. El tipo de verde que
solo existe cuando la vida está ocurriendo sin esfuerzo.
Era un valle entre montañas, pero no estaba encerrado.
Parecía protegido. Sostenido.
No era silencioso como la fortaleza.
Era vivo de una forma suave.
Como si todo creciera sin hacer ruido.
Había una sensación de amplitud, de aire tibio, de espacio
para respirar sin tener que estar alerta. Un lugar donde el cuerpo no necesita
tensarse para existir.
Y lo más extraño era esa sensación de cercanía.
Como si el valle no estuviera lejos.
Como si bastara con caminar.
La fortaleza imponía distancia.
El valle ofrecía espacio.
Uno estaba hecho de piedra.
El otro de vida.
Y el sueño se detuvo ahí.
Como si todo lo demás fuera secundario.
Porque lo único que quedó grabado al despertar no fue la
historia, ni las personas, ni las palabras.
Fue esa frontera invisible entre dos mundos:
la montaña que se cierra y el valle que respira.
Y la sensación de estar parada justo en el medio.
Allison Panizza
08/02/2026
