viernes, 12 de diciembre de 2025

Hay personas que...

 


Hay personas que no soportan ver a otros brillar. Les incomoda la alegría ajena, les molesta la paz que uno construye. Es tanta su envidia y su mala vibra, que casi celebran cada vez que creen que te puede ir mal. Hay quienes viven de la contienda, del conflicto, de inventar dramas donde no los hay, porque su mundo interior está hecho de carencias.

También existen los manipuladores, esos que piensan que una es ingenua, que no se da cuenta, que va a dejarse manejar como si no tuviera voz ni criterio. Y están los que se creen sus propias mentiras, los que disfrazan malicia de preocupación, los que intentan arrastrarte a su caos para no sentirse solos en él.

Pero llega un momento en la vida en que una se para firme. Una reconoce quién es, qué merece y a quién elige cuidar. Y ahí es donde muchas máscaras se caen.

Yo ya elegí: mi paz, mi hogar, mi camino, mi matrimonio. Nadie va a separarme de lo que construí con amor, ni a nublar mi claridad con manipulación, ni a empujarme a un lugar que no me pertenece.

Porque quien vive de la oscuridad siempre intenta apagar la luz ajena…

pero la mía, por más que les pese, no se apaga más.


Allison Panizza
12/12/2025

domingo, 7 de septiembre de 2025

Todavía hay luz

Hoy el aire me pesaba,
como si el viento trajera presagio
y a la vez, nada.

Un silencio de relojes detenidos
se apretó en mi pecho.

De pronto, el mundo se quebró
en un segundo de cristal,
y corrí entre sombras
con las manos temblando,
queriendo sostener lo que se escurría
como agua entre los dedos.

No es ley del sol apagarse antes que la luna,
no es justicia que la raíz muera
antes que su árbol.

El miedo me muerde los huesos,
el terror me anuda la espalda,
y mis lágrimas son mares sin orilla.

¿Qué nos pasa?
¿Qué espejos rotos reflejan a esta juventud
que camina entre abismos invisibles?
¿Qué vacío susurra en sus oídos
con voces de tormenta?

Quiero gritarle a esta sociedad dormida,
quiero sacudir sus muros de indiferencia.

La vida no debería doler tanto,
ni el amanecer pesar como plomo.

Y aquí estoy, aferrada a la esperanza,
aunque tiemble, aunque sangre,
porque todavía hay luz,
todavía hay canto,
todavía hay manos
para abrazar lo que amamos.

Allison Panizza
08/09/2025

viernes, 6 de junio de 2025

El arte lunar de mantenerse entero

 


Lidiar con personas que no razonan, no escuchan, que pisotean las emociones ajenas con la torpeza del ego inflado,

puede ser una prueba especialmente dura para alguien nacido bajo el signo de Cáncer.


Este ser lunar no solo siente: habita el sentir.

No solo recuerda: revive.

Su memoria emocional es una marea antigua que lo recorre por dentro como un canto de abuelas olvidadas.


El cangrejo absorbe.

Y cuando la vida lo enfrenta a la necedad emocional, no es un simple roce del día:

es una batalla entre su instinto de nutrir y su necesidad de protegerse.

Porque incluso cuando el otro no lo merece, su alma generosa quiere comprender.

Y eso... lo desgasta.


Pero el cangrejo tiene un secreto: su coraza no es cobardía, es sabiduría.

Por fuera puede parecer melancólico, pero por dentro late una voluntad que ha cruzado océanos sin romperse.

Su espíritu es antiguo, salvaje, ancestral.


Tratar con idiotas, para él, es más que un reto mental:

es un ejercicio espiritual.


Porque el idiota no es simplemente quien ignora,

sino quien desprecia la empatía,

quien exige explicaciones sin querer entenderlas,

quien hiere con ligereza y luego se refugia en la burla.


Para el cangrejo, ellos representan una amenaza a su esencia...

pero también, un maestro disfrazado.


Y entonces, aprende.

A poner límites sin culpas.

A decir “no” sin explicarse.

A elegir el silencio como espada.

Porque no todo merece energía.

Porque hay lugares donde su alma no tiene que entrar.

Y eso no es crueldad: es autocuidado.


El cangrejo tiene una verdad que no necesita gritar.

Una emoción que no se discute: se siente.

Y cuando habla desde allí, desarma.


A veces, la mejor respuesta es una sonrisa sutil,

una frase ambigua,

una retirada elegante que pesa más que mil discusiones.


Tratar con idiotas agota, sí.

Pero también fortalece.

Cada decepción es un ladrillo en su castillo interior.

Cada herida se convierte en canción de poder.


Porque el cangrejo no se vuelve piedra:

se vuelve río que elige por dónde fluir.


Su sensibilidad no es debilidad:

es brújula.


Y cuando se reconoce a sí mismo,

cuando se nombra con la voz temblorosa de quien ha sanado a solas,

no hay estupidez ajena que lo apague.


Su alma, profunda y silente,

solo la entienden quienes también han aprendido

a habitar el abismo sin perder la luz.


Allison Panizza
06/06/2025